
En el prólogo del Libro de las cruzes, uno de los manuscritos de astrología judiciaria realizados en el escritorio regio y datado en 1259, el monarca se presenta ante su audiencia como un príncipe letrado, con entendimiento “sobre todos los príncipes de su tiempo”, consciente de la necesidad de buscar y ampliar los saberes, y del deber de participar en su transmisión. En esta misión Alfonso X se equipara al rey Salomón, paradigma de rey sabio en los textos bíblicos, que aparece como referencia indispensable en esta y en muchas otras obras impulsadas por el monarca castellano. Salomón encarna las principales virtudes de un soberano: la capacidad intelectual, fundamental en el ejercicio de sus responsabilidades, la ecuanimidad, el sentido de la justicia, pero también muestra el vínculo sagrado existente entre conocimiento y divinidad. Despreciar el conocimiento implica el desprecio a Dios ya que, según el rey Salomón -así queda recogido en las Siete Partidas-, todos los saberes vienen de Dios y con él siempre permanecen. La sabiduría por lo tanto es una virtud divina.
La sabiduría también se asocia al rey David, padre de Salomón, otro de los monarcas bíblicos a los que el monarca castellano aspira emular. Autor de los salmos, David es un rey estrechamente vinculado con la creación poética, lo que conecta con la faceta más creativa de nuestro rey Sabio, y así lo entendieron sus contemporáneos, como el franciscano Juan Gil de Zamora, quien compara la obra de Alfonso X con la del rey David, y señala que así como este último creó los salmos el rey castellano “compuso muchos y hermosos cantos en alabanza a la Virgen”.
Los relatos bíblicos fueron fundamentales en el desarrollo de la obra historiográfica alfonsí y de hecho los libros cuya autoría se atribuye a David y Salomón constituyen buena parte de la estructura de la General estoria. Ambos, como Alfonso, son por lo tanto reyes autores estrechamente conectados con la narración histórica.
Las espléndidas Biblias seleccionadas nos remiten al valor de estos relatos como fuentes fundamentales para la narración histórica, y nos presentan a David y Salomón como espejos en los que el monarca castellano se quiere reflejar. Además, nos remiten al modelo de Biblia que conocieron los equipos alfonsíes y que utilizaron como fuente en sus composiciones históricas.
El rey Salomón es además un modelo de jurisprudencia, y como tal aparece citado en la obra jurídica alfonsí. Sus textos (el Libro de los proverbios, el Cantar de los cantares, el Libro de la sabiduría y el Eclesiastés) son utilizados como cuerpo teórico de la Partida segunda, la parte del corpus jurídico dedicada a la figura regia, en la que el componente intelectual del monarca se expresa de manera contundente. Todo el proyecto jurídico alfonsí, como el Fuero real que aquí presentamos, recoge en cierta medida esa impronta sapiencial marcada por el rey Salomón.
| Ms. 2386 |
Biblia Vulgata. Siglo XIII. Latín. BG/Ms. 2386.
Este magnífico ejemplar es representativo de los manuscritos bíblicos realizados en el primer cuarto del siglo XIII, un periodo de transición entre las grandes Biblias monásticas altomedievales y la tipología de la Biblia parisina.
| Ms. 2389 |
Biblia latina glosada (Libros de Reyes y Crónicas). Siglo XIII. Latín. BG/Ms. 2389.
Códice de la Biblia vulgata con glosa representativo del modelo parisino, que destaca por su manejo más dinámico, en sintonía con las necesidades de las órdenes mendicantes y las universidades.
| Ms. 2673 |
Alfonso X, Fuero real y Leyes nuevas. Siglos XIII-XIV. Castellano. BG/Ms. 2673.
Manuscrito de una de las obras más difundidas de Alfonso X y que más problemas le ocasionó. Este ejemplar reproduce la presentación de los códices más antiguos, e incluso cabe la posibilidad de que sea de época del rey Sabio.