El historiador Lucas de Tuy, nos ha dejado en su Chronicon mundi, escrito en 1236, la noticia más antigua y relevante sobre la fundación de la Universidad de Salamanca. Cuenta el cronista que en la segunda mitad del año 1218, aconsejado por los suyos, y habiendo convocado a diversos maestros, el rey decidió establecer unas escuelas en Salamanca. No se conserva el documento de fundación del Estudio salmantino, por lo que esta noticia posee una importancia transcendental. Fernando III confirmó en 1243 los privilegios del Estudio fundado por su padre, y en 1252 eximía a los escolares del pago del portazgo y aseguraba su libre tránsito, pero el impulso definitivo para la consolidación de la Universidad de Salamanca vino de la mano del nuevo monarca, Alfonso X.
Se conservan seis documentos otorgados por este rey al estudio salmantino entre 1252 y 1276, lo que convierte a Alfonso X en el rey que ha dejado mayor traza documental en relación con la Universidad en los siglos XIII y XIV, un dato externo que apunta a una especial vinculación con la institución. En ellos continúa la política de apoyo a la institución, confirma los privilegios obtenidos o da nuevas facilidades. Al rey se debe también la escritura que marcó el gobierno del Estudio en sus dos primeros siglos de existencia, y que supuso sin duda su consolidación para el futuro. Conocida como «carta magna», fue otorgada por Alfonso X en 1254 y se conserva en un documento de Enrique III; su contenido es amplio y atañe a diversas realidades, desde los precios de los alquileres para los estudiantes, hasta los salarios de los profesores. En ella se enumeran, por orden de importancia, las cátedras que conformaban el plan de estudios: un maestro en leyes, o derecho civil, un maestro en decretos y dos en decretales (por tanto tres maestros dedicados al derecho canónico), dos maestros en lógica (que incluiría también la dialéctica), dos maestros en gramática (uno de ellos probablemente impartiera retórica), dos maestros en «física», es decir, medicina, y un maestro de canto. Puede decirse que la intervención de Alfonso X supuso tanto como una refundación de la Universidad. Obviamente, el rey no actuaba por su cuenta, sino que aprobaba y respaldaba económicamente una iniciativa que le llegaba desde la propia institución. Así lo señala el documento, que se abre con la mención de los «escolares de la uniuersidat del estudio de Salamanca», quienes presentaron al rey las peticiones que luego se detallan y que este otorga.
La intervención regia no se limitó a esta «carta magna». Poco después, envió una solicitud al Papado para que confirmase el Estudio salmantino, y en 1255 el papa Alejandro IV confirmó las disposiciones del año anterior y reconoció las escuelas de Salamanca como Estudio General. Esta actuación, eficazmente planeada, tuvo unos resultados muy satisfactorios. El Estudio había conseguido todo lo que buscaba, y por lo que respecta a Alfonso X, el hecho de haber asumido como suyos los proyectos universitarios indica que mantenía unas excelentes relaciones con los maestros salmantinos. No conocemos con seguridad la identidad de muchos de ellos, pero es muy probable que algunos de los juristas y colaboradores del rey hubieran salido de Salamanca o enseñado en la universidad.
La importancia de la intervención de Alfonso X en favor de la Universidad de Salamanca no pasó desapercibida a los primeros historiadores de la institución, y en ocasiones, de una manera un tanto literaria, quisieron ver como algunos de sus profesores habrían participado directamente en obras tan importantes como las Partidas o las Tablas alfonsíes. En realidad, el nombre de Alfonso X, a veces envuelto en un halo de mitología, había sido siempre familiar a los escolares salmantinos, y a pesar de las incurias del tiempo, lo cierto es que el cultivo de la memoria de Alfonso X no ha dejado de estar presente en Salamanca.
| USA, C. 3,1 |
Confirmación por parte de Enrique III, rey de Castilla y León, de la carta abierta otorgada a la Universidad de Salamanca por Alfonso X en Toledo, 8 de mayo de 1254 (Valladolid, 15 de septiembre de 1401). AUSA, C. 3, 1: Privilegios reales, original pergamino.
Se trata de la llamada «carta magna» de Alfonso X, por la que se fijan las cátedras de la universidad, los salarios de los profesores o la presencia de un «estacionario» o librero, que debía proporcionar los textos a los estudiantes. Hizo que Alfonso X fuera considerado casi como el fundador del Estudio
| AUSA, C. 4,1 |
Bula de Alejandro IV por la que confirma el Estudio general fundado por el rey Alfonso X en Salamanca, previo consejo y asentimiento del obispo y cabildo de la ciudad (Nápoles, 6 de abril de 1255). AUSA, C. 4, 1: Bulas Pontificias, original en pergamino.
Mediante esta bula, dirigida a Alfonso X, el papa Alejandro IV reconoce a la Universidad de Salamanca como Estudio general, convirtiéndola en una institución de carácter internacional, homologable a otros centros similares del Occidente europeo.
| BG/1335 |
Alfonso X, Las siete Partidas del Sabio rey don Alfonso el nono: por las quales son derimidas las questiones è pleitos que en España ocurren. Lyon: en la emprenta de Mathias Bonhomme, por Alonso Gomez mercader de libros vecino de Seuilla, y Henrique Toti librero en Salamanca, 1550. BG/1335.
Cuidada edición de las Siete Partidas, la última de las que contienen la glosa de Alonso Díaz de Montalvo, impresa por vez primera en 1501. El último título de la Partida segunda está dedicado a las universidades, en donde se mezclan abstracción legal y realidad contemporánea. Los juristas de Alfonso X no eran ajenos a la Universidad de Salamanca.