
Las historias de Alfonso X se convirtieron en obras fundacionales dentro de la literatura castellana y sirvieron de modelo para muchos otros proyectos. Pero su radio de influencia no quedó limitado a la cultura castellana, y de forma directa o indirecta, los proyectos del rey Sabio inspiraron el desarrollo de la historiografía vernácula en Portugal y en la Corona de Aragón.
La traducción más antigua de la Estoria de España se hizo al gallego durante el reinado de Fernando IV (1295-1312). Se usó la versión de Sancho IV y desde Fernando I la Crónica de Castilla, que incluía nuevas leyendas heroicas, como las hazañas del Cid en su adolescencia. La traducción gallega supuso el pilar fundamental para la Crónica de 1344 compuesta por Pedro, conde de Barcelos, hijo natural del rey Dinís de Portugal. En ella don Pedro adaptó y reformuló la tradición historiográfica de Alfonso X a la realidad portuguesa, y compuso una obra innovadora, dando un mayor protagonismo a las narraciones legendarias. Esta nueva crónica conoció una gran popularidad, no solo en Portugal, sino también en Castilla, y de hecho fue traducida dos veces al castellano.
La obra alfonsí circuló desde fechas tempranas en la corona de Aragón, y fue manejada por Juan Fernández de Heredia en su Grant estoria de Espanya, compuesta en la segunda mitad del siglo XIV. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió en Portugal, en la Corona de Aragón el modelo esencial para el desarrollo de las crónicas generales fue la Historia de rebus Hispanie de Rodrigo Jiménez de Rada, de la que muy pronto se realizaron diversas traducciones y resúmenes, incluso antes de que fuera vertida al castellano por el equipo alfonsí. De entre las crónicas generales producidas en la Corona de Aragón, la más destacada es la que se produjo bajo el patrocinio de Pedro IV el Ceremonioso, compuesta originalmente en catalán. Uno de los derivados más populares de la obra del Ceremonioso fueron las Històries i conquestes dels reis d’Aragó i comtes de Barcelona, de Pere Tomic, que su autor dedicó a Dalmau de Mur, arzobispo de Zaragoza, en 1438.
La primera crónica escrita directamente para la imprenta en la Corona de Aragón publicada en 1499 es la Crónica de España de Fabricio Gauberte de Vagad, designado como cronista por el príncipe Fernando en 1466. Vagad recoge el rico legado historiográfico producido en Aragón y Castilla en un relato presidido por la denotación geográfica y política de España. Fue una obra muy apreciada, entre otros por Fernando el Católico, y supone un broche apasionado y simpático de la tradición medieval de las crónicas generales en la Corona de Aragón.
| Ms. 2497 |
Crónica Galega: traducción de la Crónica General (desde Ramiro I a Bermudo III). Siglo XV. Gallego-portugués. BG/Ms. 2497.
La primera traducción de la Estoria de España fue la que se realizó al gallego, a comienzos del siglo XIV. Este códice es una de las escasas copias que hoy se conocen, que tiene el atractivo de incluir al final unas anotaciones con versos del Libro de Buen Amor, quizá restos de una interpretación juglaresca.
| Ms. 2664 |
Crònica dels reis d’Aragó i comtes de Barcelona (Crónica general de Pedro IV). Siglo XIV (hacia 1370). Catalán. BG/Ms. 2664. Copia realizada para el Monasterio de Santa María de Ripoll.
Original del escritorio de Pedro IV el Ceremonioso, se trata de un espléndido códice historiográfico, que contiene la obra que sería para la Corona de Aragón el equivalente de lo que supuso la Estoria de España para Castilla.
| Ms. 2617 |
Pere Tomic, Histories e conquestes del realme d’Arago e Principat de Catalunya. Siglo XV. Catalán. BG/Ms. 2617.
Elegante copia de esta popular crónica de carácter aristocrático, escrita hacia 1438. Este códice se considera hoy el mejor de cuantos transmiten el texto, dedicado a Dalmau de Mur, arzobispo de Zaragoza y basado en la crónica de Pedro IV.
| Incunable 140 |
Gauberte Fabricio de Vagad, Coronica de Aragón. Zaragoza: Pablo Hurus, 1499. BG/Incunable 140.
La primera historia de la Corona de Aragón escrita expresamente para la imprenta; fue muy apreciada por Fernando el Católico, aunque los historiadores posteriores criticaron al autor por su credulidad y su tendencia a inventar acontecimientos.